Hay mucho camino andado desde que en el año 1960
los hermanos Cantón, Benito, Valentín y Ernesto, veían
realizado su proyecto de un amplio restaurante, de gran capacidad para
la época, hasta fechas como el 2002 o el 2003 en el que miles de
personas corresponden con su confianza a la profesionalidad y vocación
que cada día ponen al servicio del cliente las mujeres y los hombres
que componen el equipo humano, la ‘familia’, de la Gruta,
desde quienes cuidan del mantenimiento y del utillaje hasta la dirección
y los accionistas, pasando por ese enorme mapa de responsabilidades y
quehaceres que hacen posible el funcionamiento de uno de los primeros
conjuntos de alojamiento y restauración asturianos y del que, como
de los icebergs, el visitante sólo ve una pequeña porción:
la de quien lo atiende personalmente.
La Gruta es como un ser vivo, y como tal ha ido creciendo y madurando,
con hitos tan destacados como el de 1971, año en el que incorporó
un hotel de tres estrellas y amplios salones, o la nueva ampliación
realizada a finales de la década de los ochenta, aportando amplísimos
y acogedores salones que son escenario cada mes de cada año de
relevantes actos y encuentros en torno a la vida cultural, social, empresarial,
gastronómica y familiar de los asturianos y de quienes vienen al
Principado desde otras regiones u otros países del mundo.
Seguramente por eso, por la responsabilidad que entraña dar buen
servicio a miles de personas cada año y mantener el rumbo de una
nave empresarial en cuya singladura están implicadas decenas de
familias y empresas proveedoras, el relevo de los hermanos Cantón
se produjo con la llegada de un grupo asturiano compuesto también
por dinámicos empresarios.
Hoy la Gruta sigue creciendo, pero con el pulso firme de quien sabe que
ha de consolidarse cada paso antes de dar el siguiente y de que, en definitiva,
sólo la apuesta por la máxima calidad, en el servicio, en
los productos y en su elaboración y presentación, es garantía
capaz de ganar y mantener la confianza y el respeto de quienes protagonizan
diariamente esta singladura empresarial: los clientes.
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